como cada día tiene su cuento, veamos que pasa...

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ESPERANDO.......

Enviado por Andrea Brandes el 27/03/2007 a las 01:36 PM

Dicen que para hacer tortillas hay que romper huevos. Cierto, aunque nadie garantiza que la tortilla quede buena. Además de los huevos, se necesitan otros ingredientes que deben estar dispuestos al momento de hacer la mezcla. De puro huevo quebrado, no salen tortillas, salen huevos revueltos, o fritos.
En Santiago, río revuelto, y parece que estamos fritos.

El Transantiago es una tortilla improvisada. Estaban las buenas ideas y las buenas intenciones, pero faltó "de todo".
De partida faltaron buses. Además fallaron los recorridos, faltaron los paraderos, falló el sistema de cobro... y probablemente eso que ahora no se me ocurre, también falló .
Se rompió con un sistema malo, intentando implementar algo bueno, que quedó peor.

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ENCUENTRO EN LO ALTO

Enviado por Andrea Brandes el 20/03/2007 a las 07:24 AM

El domingo bajé de un encuentro en lo alto de la montaña. Todavía tengo algo anclado en el cerro. No creo haber recibido nunca tantos abrazos, tantas palabras generosas...si hasta hubo personas que rezaron por mi, es decir, me pusieron en la intimidad de sus corazones para pedir que pasaran cosas buenas conmigo.

Si dijera que ese jueves en la tarde llegué como alma en pena, no sería cierto. Peor, llegué como "algo" en pena, sin saber dónde laceraba lo que me estaba penando. Fueron esas penurias sin nombre las que me hicieron subir el cerro, a pesar de que "yo no soy mujer de fe".

Fue la intuición de un nuevo recorrido, porque yo nunca había ido a un retiro, no había experimentado el camino del silencio ni del recogimiento Menos aún el de la conversación entre personas que no se conocen y que a poco andar, van captando la escencia del otro.
Para que hablar de oración. ..! Años haciéndole el quite, en una secreta nostalgia.

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DE TANGOS Y ARCOIRIS

Enviado por Andrea Brandes el 08/03/2007 a las 06:59 PM

Hace un par de días volví de Buenos Aires.
Mis hijas y yo directo del barrio de Palermo, que les cuento, es como nuestra antigua Ñuñoa antes que se la fuera tragando la picota. A Palermo parece que ya nada lo mata, porque los barrios se salvan cuando los declaran monumento nacional, que no es el caso, o cuando pasa algo inesperado. Y aquí lo inesperado rescató al ladrillo. Palermo es el paraíso gay, isla multicolor de hombres enamorados, paseando libres como canarios fugados de la pajarera. Los dependientes de las tiendas son gay, los diseñadores de ropa, la mitad de los clientes, los reataurantes, los cafecitos con enredaderas, los hoteles boutic, todo gay.

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