El domingo bajé de un encuentro en lo alto de la montaña. Todavía tengo algo anclado en el cerro. No creo haber recibido nunca tantos abrazos, tantas palabras generosas...si hasta hubo personas que rezaron por mi, es decir, me pusieron en la intimidad de sus corazones para pedir que pasaran cosas buenas conmigo.
Si dijera que ese jueves en la tarde llegué como alma en pena, no sería cierto. Peor, llegué como "algo" en pena, sin saber dónde laceraba lo que me estaba penando. Fueron esas penurias sin nombre las que me hicieron subir el cerro, a pesar de que "yo no soy mujer de fe".
Fue la intuición de un nuevo recorrido, porque yo nunca había ido a un retiro, no había experimentado el camino del silencio ni del recogimiento Menos aún el de la conversación entre personas que no se conocen y que a poco andar, van captando la escencia del otro.
Para que hablar de oración. ..! Años haciéndole el quite, en una secreta nostalgia.


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